EXPORTAR A ITALIA: CUANDO LA RELACIÓN PERSONAL TAMBIÉN ES PARTE DEL NEGOCIO
Más allá de presentar una buena propuesta comercial y un precio competitivo, la cercanía puede ser un factor clave para comercializar con este país
Italia tiene una posición privilegiada en el mapa del comercio internacional. Ubicada en el corazón del Mediterráneo y conectada históricamente con el resto de Europa, África y Asia, la península fue durante siglos un punto de encuentro de rutas, mercancías y culturas. Esa condición geográfica sigue teniendo peso: sus puertos y redes de transporte la convierten hoy en una puerta de entrada y salida para los mercados europeos y mediterráneos.
Ingresar al mercado italiano no implica solamente aprovechar esa ubicación estratégica. También significa entender cómo se construyen los vínculos y qué lugar ocupan el idioma y la cultura en esas relaciones. En esta nota abordamos las oportunidades que ofrece este país para las empresas de la región y qué aspectos tener en cuenta para dar los primeros pasos.
Un vínculo comercial sostenido
Italia es un mercado importante para Argentina, en especial para la provincia de Santa Fe. Entre 2018 y 2023, la provincia concentró, en promedio, el 35 % de las exportaciones argentinas con destino a Italia. El promedio anual superó los 330 millones de dólares, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Uno de los principales productos que se comercializo es la harina de soja, la cual representa cerca de la mitad de lo que Argentina exporta a Italia y casi todo ese volumen sale por los puertos del Gran Rosario. Argentina es, además, el principal proveedor de harina de soja del mercado italiano y representa más del 60 % de sus importaciones. Asimismo, se exportan a Italia carnes, mariscos, legumbres, productos derivados del maní y extracto de quebracho, entre otros productos.
Si bien los números muestran que el vínculo comercial ya existe, el desafío es conocer mejor ese mercado y encontrar nuevas oportunidades para las empresas de la región.
La semejanza del idioma: cuidado con los falsos amigos
Hay otra trampa que aparece justamente porque el idioma italiano y el español se parecen mucho: es el caso de esas palabras que reconocemos enseguida porque se parecen a las de nuestro idioma, pero que esconden otro significado (conocidas como “falsos amigos“).
Por ejemplo, en italiano un negozio es una tienda, no un “negocio” en el sentido en que la solemos usar en español. Un preventivo puede ser un presupuesto o una cotización. Y eventualmente no necesariamente significa “posiblemente”, como podría interpretar un hispanohablante: según el contexto, puede expresar algo parecido a “si fuera necesario” o “en caso de que corresponda”.
La realidad es que en una conversación cotidiana pueden provocar una anécdota divertida, pero en una comunicación comercial, puede prestar a confusión y que la conversación o el negocio no vaya por los carriles deseados.
Primero la persona, después el negocio
Para una empresa que quiere vender en ese país, hablar italiano es importante, pero aún hay más aspectos a tener en cuenta. La forma de presentarse, de establecer confianza, de conversar antes de entrar en tema y hasta de elegir el tono de un correo electrónico pueden tener tanto peso como una buena oferta.
Una de las características que conviene tener presente al hacer negocios en Italia es el valor que pueden adquirir las relaciones personales. La elección de un socio, un distribuidor o un representante local no depende solamente de sus capacidades comerciales: también importa su red de contactos y su conocimiento del mercado.
El vínculo no es un detalle que se agrega después de cerrar un contrato. Puede ser parte del camino para llegar a ese contrato. Esto puede sentirse particularmente cercano para quienes hacen negocios desde Argentina ya que con este país se comparte una historia de inmigración, vínculos familiares y una serie de referencias culturales que muchas veces facilitan el primer acercamiento. Argentina tiene, de hecho, la mayor comunidad de ciudadanos italianos fuera de Italia: en 2022 eran más de 924.000.
Pero la cercanía cultural tiene una trampa: puede hacernos creer que entendemos al otro mejor de lo que realmente lo hacemos. Ser descendiente de italianos, conocer algunas palabras o sentirse cómodo con la manera de conversar no significa conocer cómo funciona una empresa italiana, cómo se toman las decisiones o qué espera un potencial socio
La adaptación cultural: aliada de una buena comunicación
Un correo comercial puede tener una gramática perfecta y, sin embargo, sonar extraño. Así como una presentación puede transmitir exactamente la información correcta y no generar el efecto buscado.
En comunicación internacional, el idioma no puede pensarse separado de la cultura. La cuestión no pasa solamente por traducir una web, un catálogo o un correo. El registro, las fórmulas de cortesía, el uso de Lei o tu, los tratamientos profesionales, la manera de formular una propuesta o incluso el modo de cerrar un correo son partes vitales de una comunicación eficaz.
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Italia: ¿un eslabón del mercado europeo?
A veces se suele hablar de “Europa” como si fuera un único mercado. Desde el punto de vista comercial, esto puede resultar tan engañoso como pensar que todos los países latinoamericanos negocian de la misma manera. La confianza también es importante en Alemania, España, Francia o los Países Bajos. Lo que cambia es la forma en que esa confianza puede construirse y expresarse.
En algunos mercados puede esperarse una comunicación más directa, una agenda muy estructurada y una separación más marcada entre la conversación personal y la comercial. En Italia, en cambio, el vínculo interpersonal puede ocupar un espacio mayor durante las primeras etapas de una relación.
Eso no significa que una empresa italiana vaya a dejar de lado los plazos, los precios o las condiciones contractuales. De hecho, cumplir con las fechas de entrega y responder con rapidez a las consultas son aspectos especialmente valorados.
Italia ofrece una ventaja particular: existe una cercanía histórica y cultural que puede facilitar el primer contacto. Pero esa cercanía no debería hacernos olvidar que estamos entrando en otro mercado, con sus propias formas de comunicarse, negociar y construir relaciones.
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